domingo, 28 de octubre de 2012

Ni tan lejos, ni tan cerca.


Vamos a ver, yo solo pido que el olor a café recién echo no provenga de mi madre y sus costumbre mañaneras. Me quedé grabado los muebles que ya avisté para mi próximo destino, nuestra casa. ¿Te imaginas? Sería como la rutina de ensueño. Esas con las que de pequeño piensas ¡quiero que sea tan grande como un castillo! Pero luego acabas en un piso. Dos habitaciones, un cuarto de baño y un pequeño salón. Peleas porque ocupo el espejo entero y tú no llegas a tu primer día de trabajo después de un fin de semana agotador. -Apartate un poco que no llego. +Quita, yo llegue primera. Y acaba la disputa en un beso.
En que la hora de la siesta nunca la vayamos a coger puntual por recuperar el tiempo separados. Y entonces te acuerdas de la hora de la ducha tan aburrida que era cuando estabas solo en casa... Ahora por lo menos puedes hacerlo en compañía. Y en vez de música, escuchas sus latidos, porque está cerca, porque estáis muy cerca. Como a ti siempre te había gustado estar. A su lado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario